Muchas veces llega un punto en el que la vida se ha complicado tanto que ya no sabemos de dónde sacaremos tiempo para cumplir con todas nuestras obligaciones. El trabajo, los niños, el hogar, las compras, la familia, los amigos, las deudas... Parece mentira que podamos abarcar tantas cosas. Pero, ¿realmente es así?

En muchas ocasiones sucede que nos generamos responsabilidades que no son prioritarios o, incluso necesarias. Llenamos nuestra vida de cosas que nosotros creemos que son fundamentales cuando en realidad no precisamos. O, también, le otorgamos una importancia desmedida a asuntos que no lo merecen tanto. ¿Te suele suceder?

La clave está en aprender a respetarse a uno mismo, a cuidarse, no sólo el cuerpo sino también la mente y el corazón. El secreto para comenzar a hacerlo es dedicarse unos minutos a uno cada día. Piensa que eres lo más importante en tu vida: si tú faltas, no podrás hacer nada de lo que hoy crees que es tan importante. Coordina una cita diaria contigo misma para descansar y hacer aquello que te hace feliz.

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