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El que mi piel requiera de tanto amor y cuidado de mi parte no debe sorprenderme. Si es que la piel, sufre los efectos de tantos factores diversos, muchos fuera de mi control (la contaminación ambiental, el envejecimiento natural del cuerpo, las condiciones del tiempo). Los factores que sí puedo controlar —el que lleve una dieta balanceada, tenga un buen régimen de higiene diaria, duerma bien, use productos para mi tipo de piel— son en los que pienso cuando estoy sintiendo mi piel más reseca, escamosa y sin brillo que de costumbre. Afortunadamente, tengo buena genética (algo que no se puede controlar). Mi mamá y mis abuelas tenían la piel bien tersa hasta avanzadas en edad. Ellas no vivieron el tren de vida que vivo yo.

Ahí es que entra el factor estrés, el culpable mayor de las pocas dolencias de las que me puedo quejar hoy día. No debe sorprendernos que cómo nos sentimos emocionalmente tiene un impacto grandísimo en cómo lucimos por fuera. Condiciones como la rosácea, la psoriasis, el acné, las uñas quebradizas son algunos de los efectos fisiológicos de una vida llena de tensión y estrés. Sin tener que ser diagnosticada con alguna de esas condiciones, fíjate por ejemplo en la apariencia de tu piel antes de irte de vacaciones y compárala a cómo luce al final de las mismas. ¡Tu piel necesita vacaciones!

Así que, si no puedes montarte en un avión y escapar por unos días, haz por lo menos estos tres cambios diarios en tu estilo de vida que te ayudarán a liberar estrés y a la vez, bien pueden ser tu fuente de juventud: 1. Duerme de 7 a 8 horas todas las noches. 2. Disfruta tiempo con la gente que amas. Sin duda eso te ayudará a relajarte y poner el estrés a un lado. 3. Ejercítate.
 

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