Si bien en los titulares de los periódicos aparecen las cifras millonarias por las que fueron vendidas las más inusitadas obras de arte, lo que no se refleja es la contracara de esa moneda: los artistas que viven en la pobreza. Son muchos quienes siguen una vocación solo para sufrir sin llegar a fin de mes.

No todos viven del arte, una gran cantidad artistas deben tener un segundo trabajo con el que mantenerse. Los hay que se llenan de frustración y los hay quienes deciden vencer la dependencia con el sistema y gozar haciendo lo que más les gusta por el mero hecho del placer de crear.

Talento y don comercial

El mundo del arte depende de dos variantes: la calidad del artista y por otro lado su capacidad comercial. Hay veces que grandes artistas carecieron de absoluta visión del mercado y fueron incapaces de vender su obra. Fueron sus descendientes o galeristas quienes obtuvieron los beneficios. Además no siempre el precio de una obra es sinónimo de lo bueno que es un artista.

El artista italiano Piero Manzoni realizó en 1961 un arte experimental que lo haría famoso. Su obra “artist´s shit” consistió en producir 90 latas que contenían su propia materia fecal. Lo increíble es que la crítica acogió su obra con absoluta aprobación. La última que fue subastada en 2007 en Sotheby´s alcanzó los 180.000 dólares. Profunda moraleja que nos legó Manzoni: No siempre el precio hace justicia a la calidad de la obra.

La mayoría sufre, unos pocos alcanzan cifras millonarias

Es cierto que incluso los grandes maestros de la pintura: Velazquez, Tiziano, Miguel Angel, DaVinci tuvieron que dedicar muchísimo tiempo a temáticas que no les interesaban pero eran las que les traían dinero. Cuesta imaginar que los pintores de las cortes gozaran pintando a un monarca u obispo pasado de kilos. Lo hacían por dinero y de alguna manera pintar a cortesanos o batallas del reino debería ser frustrante para ellos.

Por naturaleza el artista suele ser un alma sensible, inestable con tendencia a romper con el sistema. El artista, en su esencia, es lo contrario que un contador aburrido. No es de extrañar que les cueste prever ingresos, ahorrar para peores tiempos o cumplir con las necesidades del mercado sobre ellos. Es una profesión famosa por sus delirios y apasionamientos.

La lista de los artistas que alcanzan el éxito y la fama en vida es pequeña, pero cuando llegan allí los ingresos pueden ser multimillonarios. Hoy en día el británico Damien Hirst es considerado el artista con mayor fortuna en el mundo, cerca de 350 millones de dólares. Entre sus obras se cuenta la cabeza de una vaca comida por gusanos (todo real), un tiburón flotando en formol y otra incluso más alucinante: un botiquín conteniendo productos farmacológicos.

Como dice el astrofísico –postrado en silla de ruedas- Stephen Hawking: “La vida es injusta… ¿Qué vas a hacer al respecto?”.