La reforma de la ley de inmigración ha sido siempre una cuestión de "cuándo", no de "sí". América no funciona en base al odio, a pesar de que en los últimos años su proceso político parece haberse  descarrilado por grupos de  votantes altamente organizados y solventes que  siempre tenían "algo" en contra de la reforma y el cambio en sus "anti-agendas".

Sin embargo, como señaló George Will " el destino (de este país) es la demografía ". Las opiniones cambian  a medida que cambian los votantes, y la historia de Estados Unidos es el reflejo de una sociedad  tolerante.  Donde la libertad de culto, los derechos civiles, los derechos de la mujer, los derechos de los homosexuales, son reconocidos como un imperativo moral de igualdad mucho antes que el Congreso vote a favor o en contra de una reforma. 

Este año, los derechos de los inmigrantes se suman a la lista de temas donde la evolución de la opinión pública es finalmente lo suficientemente fuerte como para sacudir a los políticos de su zona de confort.

Ahora la reforma migratoria esta a la cabeza de la agenda política. ¿Qué hacer?. Lo  más crítico en los días y semanas por delante es consolidar el compromiso del Congreso con la reforma migratoria.

Establecer un sistema para que los 11 millones de inmigrantes obtengan  un estatus legal  y un camino hacia la ciudadanía de acuerdo a sus méritos.  Si el Presidente y el Congreso pueden hacer que esto sea una realidad, sin  distraerse en  detalles como los que estancaron la reforma anteriormente, se puede crear un terreno  nivelado para la construcción de un sistema de inmigración que responda a las necesidades sociales y económicas del  futuro de esta gran nación.

Esto, por cierto,  no será fácil y no siempre será bonito, pero si somos fieles al principio basado en lo que tenemos en común: el amor por este país y el propósito de asegurarse que todos los que viven aquí pueden contribuir a su éxito, con sus familias intactas, y sus sueños en juego,  sí se puede.