CENTRO DE REDACCIÓN -  Cuando Sonia Sotomayor llegó a la Corte Suprema, los hispanos en Estados Unidos celebraron el acontecimiento, por ser ella, la primera latina en ocupar el cargo más alto del sistema judicial en Estados Unidos. Tres años después, por primera vez y en exclusiva cuenta por qué dudó en aceptarla y luego cambió de opinión.

La jueza Sotomayor acaba de lanzar su libro, "Mi mundo adorado" y en ese contexto, concedió la primera entrevista a la televisión hispana, a María Celeste en Al Rojo Vivo. Desde la iglesia a la que asistía desde pequeña compartió con lujo de detalles cómo vivió el día de la nominación.

Por su entrega y dedicación al trabajo, dijo que tan pronto se enteró de la posibilidad de ser parte de la Corte Suprema de Justicia en Estados Unidos, llamó a su madre para advertirle sobre su preocupación: "No estoy segura de aceptar esto... Sabes, tu estás en una edad ahora, que no te voy a tener por mucho tiempo, conoces como soy yo en un trabajo y este me va a consumir, tu me conoces a mí, tu sabes que cuando empiezo un trabajo, me meto por completa y tengo miedo en estos años que nos quedan, que tú no vayas a estar bien, y yo no voy a poder estar ahí, tanto como estoy ahora, pienso que no lo debo hacer".

A lo que su madre respondió: "Sonia, yo viví mi vida para este momento, para verte a ti, llegar a esto, no me lo quites, por favor". Así que supo lo que tenía que hacer.

Sonia Sotomayor, de origen puertoriqueño y criada en el Bronx contó además cómo fue el momento en que esperaba la ansiada llamada del presidente, Barack Obama para confirmarle que era su candidata a la Corte Suprema. Quizá el día con más tensión y emoción de su vida.

Preparativos de un discurso "por si acaso", un probable vuelo a Washington, muchas llamadas previas, y el corre, corre para alistar maletas, "también por si acaso", convirtieron este día en el más anecdótico e histórico de su carrera. Pero el traslado a Washington, un viaje de cuatro horas sin confirmación previa, no estaba dispuesta a hacerlo. De modo que las llamadas iban y venían.

Fue hasta las 8:10 de la noche que Sotomayor habló con el presidente Obama y con exquisito detalle contó parte de esa conversación. Con la mano en el corazón y el teléfono al oído escuchó con atención: "Yo quiero que Ud sea mi nominada a la Corte Suprema"... en ese momento - confiesa Sotomayor - yo no lloro casi nunca, y las lágrimas no las podía contener..."

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