MIAMI - Paul Templer es uno de los pocos humanos que se lo ha tragado un hipopótamo y ha podido hacer el cuento después.

Según narró en la serie “Experience” de The Guardian, Paul tenía por entonces 27 años y era propietario de una empresa que hacia tours por el río Zambezi en Zimbabue.

El día del ataque dirigía un grupo de tres guías aprendices que se disponía a hacer kayak en un recorrido de rutina que los llevaba normalmente hasta cerca de las Cataratas Victoria.

Pero, lo que parecía ser un día más de trabajo se convirtió en una lucha por su vida, cuando se acercaron a la zona donde los hipopótamos descansaban.

Templer se aseguró de guiar a los aprendices lejos de los hipopótamos, quienes iban cada uno en un kayak separado, pero uno de ellos se quedó rezagado y su embarcación fue volcada por los animales.

Paul regresó a ayudarlo y cuando le tendió la mano al otro hombre se encontró atrapado en la garganta de un enorme hipopótamo.

“Había un olor horrible, a azufre, como de huevos podridos y sentía una gran presión en contra del pecho", dijo Templer.

"Fue ahí que me dí cuenta que estaba atrapado hasta la cintura en su boca”, detalló mientras explicaba que se sentía como parado en algo gomoso.

En un momento, agregó Templer, el animal “enloqueció comenzando a tirarme al aire y agarrarme de nuevo, sacudiéndome ferozmente como un perro con un muñeco”.

Paul cuenta que lo arrastró hasta el fondo del río, donde él tenía la certeza de que iba a morir.


Finalmente, el hipopótamo lo escupió y en ese momento otro de los jóvenes se arriesgó a ayudarlo. Afortunadamente vio una oportunidad de escapar y lo hizo.

Templer sobrevivió, pero perdió el brazo izquierdo, destrozado por el hipopótamo. Sin embargo, dos años más tarde estaba de vuelta en un kayak especial en el río africano.

Asegura que tiempo después, pasando por el mismo lugar del río, vio al mismo hipopótamo quien se acercó a su lancha como para terminar lo que habían iniciado.

Los hipopótamos tienen colmillos para atacar, incisivos para cortar y pequeños molares para masticar. Aunque suelen ser mostrados como muy dóciles, en realidad provocan la muerte de 300 personas al año y se comportan muy territoriales en el agua.